Purim, ¿lo celebramos?
Hoy es Purim y justo mi lectura de hoy caía en el capítulo 9 del libro de Ester, donde se establece esta festividad, así que me ha parecido más que oportuno aprovechar la oportunidad para recordar lo que ocurrió allí.
Hubo un tiempo en que el pueblo judío vivía disperso bajo el dominio del poderoso imperio persa. En el trono estaba el rey Asuero (Jerjes I) gobernando desde la grandeza y el exceso. Un alto funcionario aparece en escena: Amán. Ambicioso, orgulloso, sediento de reconocimiento y honor. Todos se inclinaban ante él. Todos menos uno. Mardoqueo se negó a bajar su cabeza e idolatrar a ningún hombre y eso encendió una profunda ira en Amán quien decidió destruir a todo el pueblo judío. Para elegir la fecha del exterminio, echó suertes (pur en lengua antigua) confiando en el azar para sellar el destino de toda una nación.
Pero Dios tenía a una de sus hijas en el palacio. Ester, una joven bellísima que cautivó el corazón del rey y que Dios había llevado al trono con un propósito enorme. Mardoqueo le cuenta a Ester todo lo que está sucediendo fuera de palacio y le insta a hablar con el rey para cambiar el edicto. Ella teme por su vida y se niega, pero Mardoqueo le recuerda que es Dios el que nos coloca en los lugares en que Él nos necesita en cada momento para servir a propósitos mayores que nuestros propios intereses. Me fascina la frase que utiliza: "¿Y quien sabe si para esta hora has llegado al reino?" Es como si le hubiera dicho: "Ester, no has llegado a reina por tus propios méritos auqnue a tí te lo parezca. Abandona la comodidad de que gozas porque esta vida es temporal y debes servir a Dios ahora." Ester entendió que callar y no hacer nada, también era hacer algo y tendría consecuencias. Entrar ante la presencia del rey sin ser llamada podía costarle la vida al instante, pero fue. No sola ni confiando en su belleza o su propia sabiduría. Le pidió a todo el pueblo que orara y ayunara por este asunto. Lo que parecía una historia ya escrita comenzó a girar. Un banquete, una revelación, una noche de insomnio del rey, un detalle olvidado que salió a la luz. Amán acabó colgado en la misma horca que había preparado para Mardoqueo y lo que estaba destinado para muerte por azar (pur), se convirtió en liberación por una providencia que estaba ordenando cada paso desde el principio. Desde entonces, el pueblo judío celebra este día leyendo el libro de Ester en público, compartiendo comida, ayudando a los necesitados y llenando el día de alegría al recordar que, cuando la historia parecía oscura, la providencia estaba escribiendo en silencio.
Muchos no entienden que el libro de Ester esté en La Biblia porque no se menciona a Dios o no aparece en primera persona, pero Él está ahí de un modo maravilloso y espero que puedas verlo después de esta publicación.
Purim fue establecido como una celebración "perpetua" para el pueblo judío (Ester 9:28) y se celebra recordando que Dios, aunque no es mencionado explícitamente, estaba obrando en cada detalle. Y puede que te surja la duda de por qué los cristianos no celebramos algo que fue declarado como celebración "perpetua". La respuesta no tiene que ver con desprecio ni con olvido sino, como de costumbre, con pacto. La palabra "perpetuo" (olam) en el contexto bíblico hebreo se puede traducir como "por tiempo indefinido", "mientras dure una era", "durante generaciones". Es una duración ligada a un marco específico.
Por ejemplo, en Éxodo 40:15 se habla del sacerdocio como "estatuto perpetuo". Sin embargo, el Nuevo Testamento explica que el sacerdocio levítico fue reemplazado por el sacerdocio de Cristo (Hebreos 7). La pascua es otro ejemplo. En Éxodo 12:14 se nos dice que la Pascua sería "estatuto perpetuo por vuestras generaciones". Sin embargo, en 1 Corintios 5:7 vemos cómo Cristo es presentado como el cumplimiento de esa Pascua. Así mismo, la circunsición es llamada en Génesis 17:13 "pacto perpetuo" pero en Gálatas 5:6 encontramos que ha dejado de ser una señal obligatorioa del pacto para el creyente en Cristo.
Purim fue instituido para Israel como nación dentro del Antiguo Pacto. Era una celebración identitaria del pueblo judío, ligada a su historia y a su preservación como nación, como pueblo. La iglesia, en cambio, nace bajo el Nuevo Pacto en Cristo. Entonces, ¿no podemos celebrarlo?
Vamos a Romanos 14:5 donde Pablo nos ayuda con esto: "uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté convencido de su propia mente". Y en Colosenses 2:16,17 dice: "Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida o en cuanto a día de fiesta (...) todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es Cristo."
Aquí vemos que la observancia de días específicos de fiesta no es obligatoria para la iglesia, no es un mandamiento, porque Cristo ya cumplió con toda la ley ceremonial. Eso no invalida Purim, ni lo deshonra, al contrario. Recordar esta historia hoy me ha hecho maravillarme una vez más de la providencia divina. Recordar que Dios obra incluso cuando parece silencioso. Que nuestros enemigos pueden planear nuestra destrucción, pero Dios puede estar tramando en todo eso una poderosa liberación que glorifique Su nombre. Nuestra historia no pilla a Dios por sorpresa, nada se escapa de Su mano. No celebraremos Purim como una fecha concreta en el calendario, algo obligatorio, pero cualquier día es un buen momento para recordar que tenemos un Dios que no cambia, que gobierna y que sigue sosteniendo a su pueblo aún en las épocas más oscuras e inciertas.

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