Manipuladoras

En el estudio que estoy haciendo del libro de Ester me encontré esta tarde con Memucán (1:16-18). Te pongo en contexto: El rey Asuero está haciendo toda una exhibición de poder. Ha organizado una fiesta de nada más y nada menos que seis meses de duración ¡Seis meses! Prícipes, cortesanos y los más poderosos de Persia y de Media, gobernadores y príncipes de provincia están allí invitados siendo testigos de la gloria y el esplendor de su reino. Durante este tiempo se están celebrando numerosos banquetes con la decoración más cara y ostentosa que te puedas imaginar. Entonces sucede que el rey está ya algo borracho, momento en el que las esposas se solían retirar y entraban las concubinas. Pero el rey manda llamar a Vasti, su reina. Quiere presumir de ella, que todos vean el mujerón con que está casado, que admiren su belleza. Pero ella se niega y no acude al llamado de su esposo. El rey se llena de ira y pregunta a sus consultores qué debería hacer con Vasti según la ley, pues ha desobedecido. Y aquí aparece nuestro Memucán. Él le dice que Vasti no ha pecado solo contra él sino contra todos los príncipes y todos los pueblos y que ahora todas las mujeres se rebelarán y harán lo mismo dejando a los hombres en vergüenza. Además, el rey será tenido como un hombre incapaz de gobernar su propia casa y esa va a ser la imagen que tengan de él de ahora en adelante. Sin duda, lo mejor es destituir a Vasti y buscar otra reina. 

Bueno, rápidamente Memucán entró en una carpeta mental que tengo junto con Satanás, algunos amigos de Job, los consejeros de Roboam, Amán, Jonadab, Herodías y otros. Vaya plantel ¿Sabes lo que tienen en común todos ellos? Exageran el problema, apelan al ego o al orgullo del otro, generan urgencia o miedo y ofrecen una solución clara en un momento en que el oyente está emocional e incapaz de tomar una buena decisión

La idea de Memucán era muy razonable. Tanto que he llegado a escuchar a pastores predicando sobre su "buen" consejo y el peligro de no erradicar a los rebeldes de forma tajante. Memucán no gritó ni tuvo la necesidad de discutir con el rey hasta convencerle, usó una estrategia perfecta. Exageró la situación convirtiendo algo personal en un problema nacional. Apeló al orgulloso corazón del rey y a su necesidad de poder y de sentirse admirado. Sembró el miedo de ser avergonzado y rechazado por el pueblo al que tanto necesitaba y, después de esto, sabiendo que el rey (borracho, airado y, ahora, preocupado) buscaba en su mente una solución a la desesperada; en ese momento, Memucán se la sirve en bandeja. Lo desarmó. Serpiente este Memucán. 

Pero, déjame hacerte algunas preguntas y me gustaría que las respondieras sinceramente en el secreto de tu corazón. Piensa en un conflicto con tu esposo, con una amistad o con un familiar ¿Con cuánta frecuencia utilizas las palabras "nunca", "todo" o "siempre"?, ¿sueles tomar el error de la otra persona para ponerle una etiqueta de esas difíciles de despegar? Esto lo vemos cuando convertimos un error en la identidad del otro ("es que tú eres muy desordenado", "es que no piensas en lo que yo pueda necesitar o como me pueda sentir con esto porque eres un egoísta") ¿Con cuánta frecuencia magnificas las cosas porque sientes que son gotas que colman tus vasos y comienzas a hablar desde la herida y no desde la razón? ¿Cuántas veces aconsejas lo que el otro quiere oír para no perderlo o para evitar el conflicto?, ¿sueles quejarte y señalar constantemente los errores del otro y no elogias y reconoces lo positivo con tanta frecuencia? ¿Tus palabras construyen y cuidan el corazón del otro o lo van desgastando poco a poco? Somos un poquito serpientes todos, ¿verdad? Yo comencé leyendo sobre Memucán desde el juicio más absoluto, pero siempre que me siento así hacia alguna persona de la Biblia trato de pensar qué tanto tenemos en común, en realidad, esa persona y yo. Asusta. 

Sabemos que era Dios quien estaba detrás de todo, pero es increíble cómo el comentario de este hombre cambió la historia de toda una familia y, luego, de todo un pueblo. La especialidad de Dios es tornar lo peor en lo mejor y Su pueblo salió bendecido, pero pienso en las consecuencias que tienen nuestros comentarios en la vida de nuestra familia o la de otros. Consejos e ideas que salen como flechas ardientes sin pedir permiso, muchas veces.

Quiero llevar todo esto al matrimonio. Cuando nos casamos, una de las primeras decisiones que tomé fue no utilizar palabras absolutas como "siempre", "nunca" y similares en una discusión. No es justo, hace daño y es difícil arreglar su efecto. Hace poco también decidí no tomarme en serio cuando estoy a una semana de mi menstruación. En esa semana yo no puedo tomar decisiones muy importantes ni sacar temas controvertidos porque hago un mundo como Memucán. Tú te conoces bien y sabes cuándo estás en modo serpiente. Dominio propio. Dios no nos llama a estar calladas y no poder expresar nuestra opinión y sentimientos PERO nos llama a algo enorme para lo que yo no estoy capacitada en mi semana complicada: influir con sabiduría. "La mujer sabia edifica su casa" (Proverbios 14:1). Yo no quiero estar en la carpeta junto con Satanás, Memucán, Herodías y el resto del grupo. Quiero estar en la de Abigail (1 Samuel 25), Ester, Ana, la mujer sunamita (Reyes 4), Priscila (Hechos 18), Rut...

Conectando con un post anterior, antes de hablar tomate un microsegundo para respirar y piensa si lo que vas a decir es verdad. Verdad de verdad. Si es una exageración, si edifica o solo está desahogando tus emociones, si quieres conciliación o te basta con tener la razón. Ojalá tener un reloj de esos de las películas que nos permita parar el momento y alejarnos un poco a pensar, pero no es así. Amadas, Dios nos dio una capacidad de influencia enorme en nuestro hogar. Mamá, abuela, suegra, hermana, tía; tus consejos se graban a fuego en otros así cómo tu ejemplo y carácter. Reflejemos a Cristo, nuestra gloria da igual. Nuestra influencia no es para controlar a los demás y que terminen haciendo lo que nosotras queremos. Es para sanar, afirmar y construir, para llevar a las personas cada vez más cerca de Cristo. Y si las cosas no salen como tú querías y no te sales con la tuya, Dios igualmente va a bendecir tu obediencia, mansedumbre y sumisión. Piensa menos en tí, yo estoy en lo mismo. Que el Señor nos ayude. Cierro con una cita de Paul Tripp que dice: “aunque tus luchas sean culpa tuya y tus problemas se deban a tu necedad, Dios aún te ofrece Su gracia perdonadora y salvadora.” 


Comentarios

  1. Me encantó tu artículo, como vas llevando el tema y nos enfrentas ,pero no desde un pedestal. Gracias amada. Por usar tus dones para bendecirnos!!

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