Fe, ¿en qué?

"Los demonios también creen y

tiemblan." Santiago 2:20

Esta semana tenía una de esas conversaciones de cama con Galatea. No sé que tiene el último momento del día que pone a los niños habladores. El caso es que ella me preguntaba cómo podía identificar el momento en que fuera salva. Cómo podía ella saber que era una hija de Dios. Ella me decía "yo creo en Dios, creo que existe y que creó todo lo que vemos". Y a mi mente vino el versículo que encabeza este post: "Tu crees que Dios es uno, bien haces. También los demonios creen y tiemblan." 

Obviamente, los demonios no son hijos de Dios en el sentido de la salvación ¡Pero creen en Él! Ven a Dios cara a cara, le conocen. Satanás dialoga incluso con Dios. Recordemos el momento en que se celebra una especie de reunión de ángeles con Dios y se presenta también Satanás. Dios le pregunta de dónde viene y éste le contesta que de rondar la tierra y andar por ella. Entonces Dios presume de su siervo Job (Job 1:6-8). Hay encuentros entre los demonios, Satanás y Dios. Se ven y me atrevería a decir que le conocen incluso mejor que algunos de nosotros. Entonces, ¿cuál es la diferencia entre los Hijos de Dios y los que no lo son si ambos creen? Unos obedecen y otros viven como quieren porque su fe es de palabras. 

Las personas tenemos una necesidad natural de buscar a Dios que él mismo ha puesto en nuestros corazones (Hebreos 10:16, Jeremías 31:33, Romanos 2:15). Miramos a nuestro al rededor y, con un mínimo de sentido común, concluímos que todo lo creado ha sido diseñado por alguien. La revelación de Dios en la naturaleza nos lleva a concluir que debe existir un arquitecto. No voy a discutir lo poco común que es, en demasiadas ocasiones, el sentido común; ni cómo hemos sido convencidos por una propaganda superficial acerca de que todo lo que vemos salió de la casualidad. Esto lo dejamos para otro momento. Pero, llegados al punto de admitir que Dios existe, debemos ir al siguiente paso: preguntarnos quién es Dios, cómo es, por qué me creó, qué quiere de mí, cuál es mi propósito en la vida. La revelación escrita de Dios. Y sí, lo sé, la iglesia católica se ha encargado de hacernos ver a La Biblia como un libro oscuro, complicado, indescifrable. Pero no lo es. Te invito a que busques una versión fácil de leer al principio, una Nueva Versión Internacional o Las Américas. Comienza por los evangelios para que conozcas a Cristo, por Marcos, por ejemplo. Lee cada página preguntándote qué te está queriendo decir Dios. Pídele antes de empezar a leer que te ayude a comprender, que te regale la fe. 

Porque la fe es un regalo, no es una convicción racional a la que llegamos. Nuestra mente y nuestra voluntad quedaron tan tocadas cuando entró el pecado, que no podemos, AUNQUE EL MISMO DIOS NOS INVITE, acudir ante su presencia por voluntad propia. En Lucas 14 encontrarás una parábola que explica esto. Cuenta cómo un hombre invitó a sus siervos a la boda de su hijo, un gran banquete, pero todos tenían excusas para no asistir y llegan a maltratar, incluso, a los que son enviados con la invitación. Entonces el rey, enojado, le pide a sus sirvientes que vayan por los caminos y fuercen a entrar tanto a buenos como a malos. Y la boda se llenó ¡Porque los forzaron a entrar! Ellos no habrían acudido por sí solos. Pero hay más. Era costumbre en aquella época que el anfitrión entregara la ropa con que habían de vestirse los invitados (como sigue sucediendo hoy en día en algunas culturas). Había allí un hombre que había entrado, pero que no había querido ponerse aquella ropa y fue expulsado. Había entrado, había creído, pero no se había vestido adecuadamente, con la justicia que Dios provee por medio de Cristo. 

Dios no te puede ver ni a tí ni a tu religión. Todo lo que entregas a Dios es como una compresa ensangrentada con tu propia menstruación. Un trapo sucio, aunque estés muy orgulloso de él (Isaías 64:6). Ese invitado de boda es alguien que cree con la mente, pero no obedece ni se reviste de Cristo, es como un demonio. Así que aquí tenemos a tres tipos de personas: los que ponen mil excusas y acaban por rechazar la invitación, los que entran pero no se visten como corresponde y los que entran y dan fruto en abundancia de obediencia. Sé honesto contigo mismo, ¿en qué grupo estás tú?

Ojalá comiences a leer tu Biblia. Física o en internet. Ojalá le pidas a Dios que, mientras la lees, se revele a tí y te regale unos ojos con una fe que salva. Pide, que Él no quiere que nadie se pierda y Él da abundantemente y sin reproche ¡Pero pide! No tienes porque no pides. Elige el momento que más te convenga en tu día, tal vez el último momento de la noche, elige el libro de La Biblia que vas a leer, pide y lee. Un capítulo cada vez. Descubre a Cristo y permite que el poder transformador de la Palabra directa de Dios te revista con un ropaje nuevo. Entra en la boda, te estamos esperando y habrá una gran fiesta en el cielo cuando dejes de lado toda esa religión polvorienta y te rindas a los pies de Cristo. 

Y, por si te preguntas lo que le respondí a mi pequeña Galatea, te lo cuento: le dije algo como esto: "amada mía, cuando tú seas salva será evidente a los ojos de todos nosotros. Cambiarás, saldrás de tu crisálida como una bella mariposa y nadie podrá negar que has dejado de ser un simple gusano. Se verán frutos en tu carácter, serás otra persona." Seguimos con luchas y no somos perfectos, pero deseamos obedecer y agradar a Dios y eso se nota. Si Dios te ha puesto hoy a leer esto hasta el final, "si oyeres hoy Su voz, no endurezcas tu corazón." Hebreos 3:15 

Comentarios

  1. Gracias por compartir este momento conmigo, con nosotros, creo, tengo fe y quiero estar ante su presencia, aunque, se que, he de purificar mi alma para llegar a Él.

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