Santa sí, perfecta aún no.
"Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que cuando aún éramos pecadores, Cristo murió por nosotros."
Romanos 5:8
Cuando éramos pecadores, Cristo murió por nosotros ¿Ya no lo somos? ¿Acaso no es cierto que, aún cuando somos salvos por la fe en Cristo, seguimos pecando?
A diario. La fe nos cambió la vida, pero no nos quitó la lucha.
Muchas veces, como mujeres cristianas, sentimos la presión de ser "de buen testimonio", responder con gracia, criar hijos santos, amar bien a nuestro esposo, cuidar nuestros pensamientos, hablar con sabiduría, mantener la casa, tener una vida de oración relevante, servir con alegría...no mostrar ni una grieta. Y cuando fallamos, que es a diario y constantemente, el enemigo nos susurra: "Ves, ¿y tú dices que tienes fe?, ¿cómo vas a ser tú de los santos de Dios? Y la verdad es que la fe no nos hace perfectas. La fe nos une a Cristo, que es perfecto ¿Te ha demandado Dios que seas perfecta? No. Él nos pide que seamos santas y que imitemos su ejemplo en la medida en que nuestra humanidad nos lo permita.
Y, ¿no es lo mismo ser santa que ser perfecta? No querida. Hoy vengo con la intención de quitarte la pesada carga que, tal vez, tú misma te has impuesto.
Ser santa no es ser perfecta, ni pura, ni mejor que las demás. En la Biblia "santo" significa algo mucho más sencillo y profundo: separada para un propósito especial. Somos la vajilla de Navidad de Dios, solo que para Dios siempre es Navidad. Esa vajilla que solo sacamos en las ocasiones especiales y tenemos separada, bien guardada y cuidada. Tal vez no es mejor que la que usamos a diario porque es más frágil y delicada, pero está separada para un propósito, una misión especial. Así funciona la santidad: Dios escoge a personas débiles y ordinarias y las aparta para sí.
En el Antiguo Testamento tenemos el ejemplo de los levitas. Dios eligió a la tribu de Leví para servir en el templo. Ellos no eran moralmente superiores, ni más valientes, ni más sabios. Pero Dios los separó para servirle. También tenemos el ejemplo de David. Él fue ungido rey cuando era un simple pastor. No era más fuerte que sus hermanos, ni el más alto, ni el favorito de su familia (más bien al contrario). Pero Dios dijo: "He encontrado a un hombre conforme a mi corazón". Y, aunque David cometió pecados gravísimos (asesinato, adulterio...) seguía siendo "el ungido de Dios" ¿Por qué? Porque Dios lo había apartado para un propósito.
Así que creo que podemos estar claras en que la santidad tiene poco que ver con lo que hacemos. Es a quién pertenecemos lo que determina nuestra santidad. Es una cuestión de identidad. Seguimos pecando a diario y eso nos duele, nos lleva al arrepentimiento y nos mantiene humildes y dependientes de Dios. "Porque siete veces cae el justo y vuelve a levantarse." (Proverbios 24:16). Pablo habla aquí de "los pecadores" para aclarar el contraste de a quién pertenecemos. Ya no somos esclavos del pecado, no es nuestro dueño, nuestro señor (enseñorear). Ahora es un extraño al que no nos gusta recibir, aunque se presente ante nuestra puerta. Nuestra conciencia, como un perro guardían, se agita y ladra al verlo pasar. Antes le era familiar, no notaba su presencia y, a veces, incluso se alegraba de verle. Pero ya no es nuestro dueño. "Porque el pecado no se enseñoreará más de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia." Romanos 6:14.
No fui salvada porque era fuerte ni buena. No soy mejor que ninguna ni tengo que superar los estándares de este mundo. No soy la más inteligente ni la más preparada. Fui salva por pura gracia y la fidelidad de Dios no depende de mis victorias y mis derrotas.
Te quiero dejar con este versículo para hoy:
"Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís." Col. 3:23,24
No necesitas encajar en el mundo, no necesitas la sonrisa de aprobación de ninguna persona ¿Qué te pide Dios que hagas?, ¿qué mujer espera Dios que seas? ¿Para qué propósito especial te ha separado Dios? Ahí es.
Espero haber aligerado tu carga recordándote el poder de la gracia inmerecida de un Dios que te ama siempre. Me encantaría leerte en comentarios y saber si esto te ha ayudado. Que el Señor te acompañe en este nuevo día.
.jpg)

Comentarios
Publicar un comentario