Orar, ¿para qué?
"Señor, hazme conocer mis caminos; muéstrame tus sendas."
Salmos 25:4
Esta mañana leía el salmo 25 completo y a mi mente vino una pregunta: ¿Para qué oraba David por cambiar las cosas que le estaban sucediendo?, ¿es acaso falta de fe?, ¿no sabe David que Dios es Todopoderoso y que, en Su providencia, Él ya ha determinado lo que va a suceder? ¿Qué papel tiene la oración en nuestras vidas? En definitiva,
Orar, ¿para qué?
Lucas 5:16 nos enseña que Jesús (¡Jesús!) se retiraba a lugares solitarios para orar. En Mateo 6:9-10 tenemos la famosa oración del Padre Nuestro y, en ella, nos manda y enseña para que lo hagamos nosotros también. Si Jesús, que era y es Dios, que conocía perfectamente Su Voluntad y todo lo que sucedería; si Él oraba, significa que no solo oramos para cambiar las cosas, sino para alinearnos con la Voluntad de Dios y tener comunión con Él. Mira que digo que "no solo", porque, ¡sorpresa!, la oración sí puede cambiar las cosas.
En Ezequiel 22:30 vemos cómo Dios busca colaboradores (aunque no los necesita) para ejecutar Sus planes. Dios obra como respuesta a la intercesión de ellos, a sus oraciones. En Santigo 5:16 también se nos dice: "la oración eficaz del justo puede mucho". Las oraciones son un medio necesario establecido por Dios mismo. Él ha decidido hacer a través de la oración y no sin ella. Pide, pide conforme a la Voluntad de Dios, y recibirás (1 Juan 5:14,15). Dios responde las oraciones de sus hijos, nos escucha y espera que clamemos a Él para obrar. No tenemos porque no pedimos o porque pedimos mal (Santiago 4:3). Abre tu corazón, habla con Dios directamente. Cuéntale cómo te estás sintiendo con lo que está sucediendo aunque Él ya lo sepa. Desahógate en el regazo de tu Padre y pídele. Díle cuál es el deseo de tu corazón en medio de tus circunstancias, lo que quieres que suceda. Díle que esperas en Él, que sabes que hará lo mejor porque Él te ha dicho que los planes que tiene para tí son de bien y no de mal para darte una esperanza y un futuro (Filipenses 29:11). Vete al trono de la gracia y ora porque, ¿sabes qué?
La oración también es el tratamiento para nuestra ansiedad.
Cuando estés preocupado o afanado por algo, Dios nos manda a orar. Filipenses 4:6,7: "Por nada estéis afanosos, sino sean conocidad vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego con acción de gracias." Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, llegará a nuestros corazones. Una paz sobrenatural, sin sentido, que inunda el alma turbada. La oración nos da perspectiva sobre nuestras circunstancias y nos lleva a humillarnos ante Dios y depender de Él en todo momento. Nos lleva al punto de "pase lo que pase, confío en Tí. Te encargo este asunto, eres mi mayor contacto, el Rey de reyes, la mayor influencia. Espero expectante ver lo que harás con este asunto y, pase lo que pase, sé que será lo mejor para mi vida y la de los que me rodean". Ora por otros, intercede, ora por tus hermanos en la fe cada vez que te acuerdes de ellos. Cuántas veces Dios nos pone en la mente a una persona para que oremos por ella y, así, obrar en la vida de esas personas por cuestiones que tú ni sabes. Ora. No necesitas palabras elaboradas, a veces un momento de silencio y un suspiro es lo único que hace falta. Cierra tu puerta, abre tu corazón y descansa en Dios.
Hebreos 4:16 "Acerquémonos confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracias para el oportuno socorro."

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