Entre el monstruo y la paloma.
"Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia" Colosenses 3:12
Cristiana, ponte el uniforme. Cuando leí este pasaje esta mañana, cuando leí las palabras "misericordia, benignidad, humildad", pensé: "esto es todo lo que muchas veces no soy con algunas personas" y estas actitudes pueden llegar a afectar el modo en que otros ven o interpretan a Cristo. En general, cuando estoy ahí fuera, llevo puesto el uniforme. Pero hay algunas personas que, como solemos decir, "sacan lo peor de mí". Creo que nos pasa a todos y eso no es excusa para pasarlo por alto. Así que, vamos a hablarlo.
Este pasaje tiene un versículo anterior en el que se nos habla de vestirnos del nuevo hombre, de ser espirituales, puesto que estos frutos que se nos nombran aquí (amor, misericordia, paciencia, amabilidad, benignidad...) son frutos del Espíritu ¿Qué significa eso? Que yo no podría dar estos frutos honestamente por mí misma, es una obra divina y sobrenatural. Sin embargo, hay un llamado aquí a vestirnos. Nosotros. Y pienso en un médico. Un médico es médico cuando está en su casa, relajado, en pijama. Y también es médico cuando está en un hospital trabajando con su bata. Entonces, ¿cuál es la diferencia que hace ese uniforme? Hace que para todos sea visible y claro que esa persona es médico y que pueden acudir a él si lo necesitan. Pues con nosotros pasa lo mismo. Ya hemos sido regenerados, hemos creído que Jesús es el Hijo de Dios, hemos visto nuestro pecado y nos hemos arrepentido, hemos nacido de nuevo y queremos obedecer a Dios en todo. Somos cristianos. Pero se nos manda a ponernos un uniforme: el de los escogidos de Dios.
Esa transformación interior, que ya se produjo en nosotros, va a dar a luz unos frutos visibles ahí fuera, en la relación que tenemos los unos con los otros. Y, como todo, tenemos que poner de nuestra parte. Dios nos ha creado con libre albedrío, no somos marionetas y tenemos mandatos, leyes, cosas que tenemos que hacer. Dios nos manda a amarnos los unos a los otros independientemente de cómo nos sintamos ese día o de lo que te hizo o lo que dijo. Y nos deja bien claro cómo debe ser ese amor en 1 Corintios 13:1-13. Del mismo modo, Dios nos manda, nos ordena, a ponernos este uniforme. Y es que, cuando reflejamos este carácter ante los demás, los demás pueden ver un atisbo del carácter de Cristo y eso evangeliza. Les lleva a preguntarse acerca de la esperanza que hay en nosotros, porque somos diferentes.
Pero, ¿cómo puedo yo hacer esto? Bueno, yo siempre me he imaginado la lucha entre el nuevo y el viejo hombre como dos seres que viven dentro de mí con un solo comedero. Le he pedido a la IA que me lo represente. Tranquilo, la vieja naturaleza es gruñona y hace mucho ruido, pero jamás podrá vencer a la nueva (Romanos 8:35,36). Bien, podemos rellenar ese comedero con el alimento que necesita la paloma o con el que necesita el monstruo, nunca ambos a la vez. Cada vez que alimentamos al monstruo, él crece dentro de nosotros y lo mismo sucede con la paloma (nuestra nueva naturaleza espiritual). Lo que alimentas crece, como suelen decir.
Así que es nuestra decisión. Alimentamos al viejo hombre cuando vemos, escuchamos, nos relacionamos...nos llenamos del mundo. Alimentamos al espíritu cuando hacemos uso de los medios de gracia escuchando, leyendo, compartiendo tiempo con ciertas personas, orando, etc. Y esto es a diario. Quieras o no, estás despierto y consciente. Tus ojos ven cosas, tu cerebro piensa, se preocupa, maquina. Te mueves y decides encender la tele o leer un buen libro. Cada decisión es comida para el comedero y necesitamos ser equilibrados. Pon en una balanza al monstruo y a la paloma y piensa cuánto de tu tiempo de hoy, de ayer, le dedicaste a cada uno. Ahí verás, de forma muy clara, cuál está gobernando dentro de tí y comprenderás por qué das los frutos que estás dando.
Y a niveles aún más prácticos, si sueles ser sarcástico y cortante con ciertas personas (como yo), elige dar una respuesta amable. Refrena tu lengua y deja que tu corazón cabalgue mientras respiras y eliges no responder como lo harías naturalmente, como haría el monstruo. Deja que sea la paloma la que hable, dale tiempo y espacio. Si sueles hacer las cosas con dureza, detente un segundo y hazlo más suave. Las relaciones horizontales de los unos con los otros, son la escuela perfecta para nuestra santificación. Eso que ves como molestia son oportunidades.
Esa persona que te saca de quicio vuelve a hacerte el típico comentario tóxico, destructivo. Entonces, comienzas a pensar en las intenciones que hay detrás de ese comentario y te envenenas. El monstruo y la paloma te miran hambrientos, ¿a quién vas a alimentar? Respira, céntrate y toma las decisiones que mejor honren tu título de "Escogido de Dios". Si supieras la paciencia que Dios tiene contigo no serías tan irascible con los demás.
Esto que escribo hoy es principalmente para mí, pero he orado al Señor que ayude a otras personas que, como yo, batallan a diario entre el monstruo y la paloma. Espero que te sea de mucha bendición y que hoy puedas empezar a tomar mejores decisiones cada vez que te relaciones con alguien. Yo lo haré. Que Dios te bendiga y nos ayude en nuestro peregrinaje aquí para que seamos útiles en Sus manos.
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Amén, muy buena reflexión.... Gracias por compartir 🙏
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