Proyecto Happiness
Simple, ¿no? Demasiado. Te diré dos cosas:
1. La felicidad no es el fin sino la consecuencia
2. No fuimos creados para ser felices, aunque podamos serlo.
Vivimos en una época sobreestimulante. El aburrimiento es
temido, así como el silencio y la soledad. Nos asusta y nos genera ansiedad. Así
que hemos hecho todo lo posible por estar rodeados de satisfacciones inmediatas
que nos mantengan los niveles de cortisol elevados todo el tiempo. Es agotador.
Buscamos la satisfacción y la hemos renombrado llamándola “felicidad”. Pero son
cosas diferentes porque la felicidad no depende de las circunstancias que nos
rodean, es un ser independiente, para que nos entendamos. (Filipenses 4:4).
¿Qué dice el fabricante? Vamos al manual: la Biblia menciona
la felicidad en varios pasajes como el Salmo 1:1-2; Salmo 16:11; Mateo 5:3-12;
Filipenses 4:4; Proverbios 3:13, Eclesiastés 2:24-25; 3:12-12; 5:10; 6:9; 11:9 y
otros. El resumen es que la felicidad no está en las cosas materiales ni en
los placeres temporales, sino en una vida centrada en Dios, en la obediencia a
Su Palabra y en la confianza en su amor y propósito. Y es que, ¿sabes qué?
Cuando el pobre asegure el sustento a sus hijos, volverá a sentirse vacío y a
creer que la felicidad está, ahora, en otra cosa. Cuando los niños consigan ir a
la escuela, comenzarán a buscar su felicidad en otro lado. No hay misterio, no
se cansa el ojo de ver ni el oído de oír (Ecl. 1:8).
¿Qué es eso del propósito? En esta vida me ha tocado
decorar muchas casas para otras personas como parte del trabajo de mi esposo y
me he dado cuenta de que no hay belleza si no hay propósito. Es decir, cuando
colocamos elementos decorativos de más que no tienen ninguna función, que no
aportan al resto y no sirven para nada, que no tienen propósito; afean, hacen
ruido visual y solo confunden. Y así pasa con nosotros. Hemos sido creados con
un propósito y si no vivimos para eso, nuestra vida deja de tener sentido.
Intentaremos llenarla de placeres temporales cuya satisfacción desaparece
demasiado rápido y, al poco, volveremos a sentirnos confusos y sin rumbo. En
busca de la felicidad, pero buscando donde no es. Entonces, ¿cuál es nuestro
propósito aquí? Isaías 43:7 “todos los llamados de mi nombre, para gloria
mía los he creado”. El hombre fue creado para la gloria de Dios, fuimos creados
a imagen de Dios (Gn. 1:26,27), fuimos creados para tener comunión con Dios
(Gn. 3:8,9), para administrar la creación y para hacer la Voluntad de Dios
(Eclesiastés 12:13).
¿Qué significa? Significa que cuando olvidamos o negamos a Dios como nuestro creador estamos dándole la espalda a nuestro propósito en la vida. Seremos como ese reloj que se veía hermoso, te daba datos de pulso cardíaco, ubicación a tiempo real, hacía llamadas, enviaba mensajes, contaba pasos…pero no daba la hora. Esta vida aquí no lo es todo, es un tránsito, un ratito. Tienes un alma dentro que sabe que es eterna, que se compunge al ver un atardecer porque sabe que hay un artista detrás y sabe que ella es suya aunque tú sigas esforzándote en negárselo. Ese alma seguirá viva cuando tú mueras y tu cuerpo resucitará con ella. Cerrarás un día los ojos aquí y los volverás a abrir ante Dios sin excusa que valga. Dios se hizo hombre hace más de dos mil años, nació de una mujer cumpliendo con todas las profecías y vivió una vida sin pecado. Sintió el peso del pecado de Sus Hijos y el abandono temporal de Dios por ello. Murió, resucitó y volvió a la diestra de Dios para que todo el que en Él crea no se pierda, sino que tenga vida eterna ¿Estaba tu nombre en la mente de Dios aquel día?, ¿están tus pecados clavados en aquella cruz? Si no es así, tu vida no tiene sentido y estás siendo un reloj que no da la hora. Deja de buscar tu ropa en el congelador, no está allí, no te empeñes o morirás de frío. Busca la felicidad en Dios, búscale mientras pueda ser hallado (Isaías 55:6) y verás cómo las piezas, de pronto, encajan. Serás feliz incluso en los momentos de tristeza.
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