Mientras todos duermen

"Oh Dios, tú eres mi Dios; te buscaré de madrugada;
mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela,
en tierra seca y árida, donde no hay aguas."
(Salmo 63:1, RVR1960)


Siempre he sido muy dormilona. Incluso en la universidad preferí el turno de tarde para poder quedarme en la cama más tiempo. No importaba, tenía todo el tiempo del mundo a mi favor, no necesitaba madrugar. Cuando me casé, me encontré independizada, con una casa a mi mano y, de nuevo, todo el tiempo del mundo. Me levantaba tarde y, aún así, podía hacer ejercicio con calma, tener la casa perfecta y una comida elaborada al día. Tenía unos tiempos devocinales con el Señor impresionantes, muchísimas horas de estudio, memorización, lectura y oración. Y ENTONCES llegó mi primera hija ¡Aaaaaaai cómo cambia la historia! Ese pequeño bebecito no dormía más de quince minutos y siempre en mis brazos. De un plumazo el tiempo se relativizó y parecía sentir el tic tac del reloj burlarse de mí mientras yacía sentada amamantando o haciendo de cuna para un bebé dormido y la infinita lista de cosas que quería hacer se repetia en mi mente atormentándome. El problema se incrementó cuando me dí cuenta del enorme esfuerzo que suponía tener lo mínimo hecho (ropa limpia, casa más o menos limpia y comida para ese día) y, además, encontrar mi tiempo con el Señor ¿Sabes qué? Cuando no era una cuestión de que no tenía tiempo era que no tenía fuerzas o claridad mental. 

No fue fácil aceptar que las cosas habían cambiado y entender que nuestra vida son diferentes etapas. A veces estamos en Refidim y otras en Elim. Segundo hijo y haciendo homeschooling con la primera. Ya el nivel de dificultad había alcanzado cotas insuperables para mí. Entonces apareció este versículo ante mis ojos "te buscaré de madrugada". Y yo recordaba que el ejemplo de la mujer virtuosa dice que también tenía su lámpara encendida de noche así que lo vinculé en aquel momento. Comencé a levantarme temprano, a las cinco de la mañana. Tenía sueño, los primeros días me dolía la cabeza y pasaba el día con sueño. Entonces, ¿por qué lo seguí haciendo? Mira, esas dos horas de calma, silencio, paz, mientras todos duermen; es una auténtica delicia. Ahí yo ganaba muchas batallas y tomaba una ventaja inigualable. Ese tiempo con el Señor me devolvió parte de mi ser, se avivó el fuego de mi fe y mi cerebro se despertó como hacía años no hacía. 

Escuchar la respiración de tu familia mientra duermen y tú teniendo un tiempo con el Señor te llena de gratitud. No puedes hacer la casa en ese tiempo porque haces ruido y los despiertas, así que te ciñes al plan, te quedas con Dios. Oras más porque puedes, estudias y te maravillas de los tesoros escondidos en Su Palabra porque no hay prisa. Te lo recomiendo muchísimo. Hemos sido llamadas a esforzarnos y lo cierto es que nada en nuestra vida cristiana se consigue sin esfuerzo, sin luchar. Lo que sale de nuestra naturaleza carnal es quedarnos calentitos en la cama, pero debemos mortificarnos un poquito y garantizo que la recomensa es grande. 

Un consejo: planifica esos tiempos con antelación. A mí me ayudó pensar en algo concreto que quería estudiar. Por ejemplo, un tema o un libro de la Biblia. Me encanta el Pentateuco así que empecé estudiando Genesis con un buen comentario y seguí con Éxodo cuando acabé. Marcate tareas para que tengas un incentivo mayor para salir de la cama. A mí me hacía hasta ilusión acostarme a dormir en la noche deseando ese momento. Te voy a dejar aquí el link del comentario con el que estoy ahora porque pertenece a una colección que es BUENÍSIMA. Ánimo, sigue corriendo, aguanta la fatiga, hay una gran recompensa esperándote. Y si necesitas hablar, puedes escirbirme por privado siempre que quieras por Instagram en @viviendo_la_biblia o por los comentarios públicos del blog. Así nos animamos mutuamente. 

Comentarios

Entradas populares