Amar a nuestros enemigos

"Habéis oído que se dijo: "Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo". Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y orad por quienes os persiguen." Mateo 5:43-44

El otro día leí una frase de estas pegajosas que me llamó la atención y decía así: 

"Devolver mal por bien es demoníaco. Devolver bien por bien es humano. Devolver bien por mal es divino." 

Leela de nuevo si te perdiste.

Esta mañana, el Señor me trajo este versículo de Mateo con el que comienzo a escribir y, ¡no sabes lo necesario que era para mí justo hoy! Me disponía a orar sabiendo que, en unas horas, iba a recibir una visita que no me era demasiado agradable. No era un enemigo, pero ajá. Y mi Padre celestial me dijo: "preciosa mía, esos sentimientos no son propios de una hija mía. Ora por esa persona, empatiza con ella porque también es mi hija y yo la amo así como ella es." Para mí fue revelador pensar en esa persona como hija de Dios y sentir que Dios tiene cuidado de ella como conmigo. Ese mimo, esa atención al detalle, ese escuchar el corazón que tiene Dios conmigo, ¡lo tiene también con ella! En ese instante me puse a orar por esa persona y, ¿saben qué? Una florecita de amor empezo a surgir dentro de mí y la pude ver con otros ojos. 

Jesús nos pide algo antinatural, algo divino y santo: que amemos a nuestros enemigos, a los que nos persiguen, a los que hablan mentiras de nosotros con otros ¿Por qué? ¡Eso es muy difícil! Sí, pero recuerda que Él nunca nos pide que andemos por caminos que Él mismo no haya transitado antes. Se ganó muchísimos enemigos, personas que mentían acerca de Él y lo buscaban para matarle. Le hicieron mucho daño físico cuando pudieron, daño con sus palabras, le fueron desleales, se sintió solo y probablemente incomprendido ¡Le escupieron y desnudaron! Pero su ejemplo siempre fue de bendición y ayuda al que lo necesitaba. Le vemos llorando y amando. Así que lo que Cristo me está pidiendo hoy no es ninguna tontería, no es porque sí. Es porque esa decisión de amar a los que, según nosotros, no lo merecen, refleja claramente el carácter de Cristo en nosotras. El que nos ve podrá decir, "ahí, en esa persona, hay un Espíritu Santo morando, porque esa reacción de amor no es natural". Y esto glorifica a Dios que, a fin de cuentas, es el propósito de nuestra vida. 

"Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante." Efesios 5:1-21

 Imitadores de Cristo, que es nuestra medida, el varón perfecto. Esto es lo que nos toca hacer como hijas de Dios, porque es lo que refleja el caracter de Cristo en nosotros. Y si te está costando, ya sabes lo que tienes que hacer. Pide ayuda. Ora. Pídele a Dios que te dé la valentía y el esfuerzo de ser cómo él y sufrir el oprobio entregando bendición a cambio de maldición y MUESTRA A CRISTO. 

Recuerda que amar es un manadamiento y no algo que puedes hacer o no dependiendo de si te sientes que tienes ganas. Tenemos que amar porque fuimos amados. Tenemos que perdonar porque fuimos perdonados. Yo, personalmemente, tengo que orar más y pedir sabiduría y humildad para amar a mis "enemigos" ¿Y tú? 

Comentarios

Entradas populares