José, más que un carpintero.

 En esta semana leía sobre José y me encantó descubrirle. Es una persona a la que solemos pasar por alto al leer la historia sobre el anuncio y el nacimiento de Jesús. Solemos prestar más atención a María y sus cualidades. Supongo que, como mujeres, es normal buscar siempre un referente femenino. Sin embargo, me impactó la persona de José. Un hombre preparado para casarse, con un oficio y con la vida claramente definida en adelante. Se casaría con María, tendrían hijos, seguiría con su carpintería y enseñaría el oficio a sus hijos que podrían continuarlo cuando él ya no estuviera. Pero recibe el anuncio de que María está embarazada. Me imagino la confusión de aquel hombre. Dios, que conoce todos sus pensamientos y sentimientos, le dice que no la aborrezca. En el primer capítulo de Mateo se nos confirma que quería abandonarla en secreto pero Dios lo sume en un sueño para decirle que ese niño es hijo del Espíritu Santo. Cuando se despertó ya no había dudas ni miedo. Acogió a María y no consumó su matrimonio hasta que no hubo nacido el niño. Dominio propio, sacrificio, amor a los planes de Dios por encima de los planes propios. 

Su vida no fue nada fácil después. Vinieron varias mudanzas. Parece que cada vez que estaba bien asentado debía marcharse para proteger a ese niño que, digamos, no era suyo. Pero no dudó en ninguna ocasión. Dejó su trabajo, su clientela, su casa, sus conocidos; se lio la manta a la cabeza y se trasladó todas las veces que Dios se lo pidió. Jesús crecía, aprendía el oficio de su padre terrenal. Yo tengo hijos y me imagino a José enseñando La Palabra a todos sus hijos, enseñándoles todo lo que deben saber sobre la vida aquí tal y como hacemos los padres. Acompañaría a Jesús en sus dolores de tripa, en sus fiebres y cuando se le cayó su primer diente. No sabemos más de él después de que Jesús, con doce años, se perdiera de su vista en Jerusalén. No sabemos si Jesús vivió la muerte de su padre o si su padre vivió la persecución, la violencia contra su hijo y, finalmente, su muerte en la cruz. Lo que sabemos con total seguridad es que se reencontraron en la gloria. Que cuando José cerró los ojos a este mundo los abrió allí, cara a cara con su Dios, con el niño al que había criado, por el que tanto se había sacrificado y esforzado. "Bien, buen siervo y fiel."

Comentarios

Entradas populares